DISFRUTANDO EL HOY

Una pequeña reflexión de cómo los acontecimientos vividos transforman la mujeres que estamos acostumbradas a ser.


Nunca en la vida me había acosado tanto la necesidad de plantearme ¿quién soy? ¿Qué tipo de mujer quiero ser?, como cuando leí “positivo”.

La idea de ser mamá siempre me trajo buenas sensaciones, sin embargo, no podía haber imaginado todo lo que ocurre… es un caos tan grande y hermoso que no podés dejártelo para vos sola y necesitás de una manada de al menos 5 seres más para salir adelante. Porque esto te afecta en todos los sentidos. A vos y a toda persona que está lo suficientemente cerca.

Una vez que creí tener todo bajo control, ya saben: pañales, alimentación, lactancia exclusiva, mis propias necesidades, las de la casa, mi relación de pareja, los limites con la familia y la nueva personita… me tocó regresar al trabajo y nuevamente me plantee ¿Quién soy?

Soy mujer, una chica común a quien no le importa mantener su perfil bajo, quien disfruta lo que hace cuando trabaja fuera de casa, que le gusta aprender y estudiar, que le encanta dedicar tiempo a la maternidad y a su familia, pero que no se cree capaz de hacerlo tiempo completo. Pero que tampoco quiere entregar todo su ser a construir una carrera profesional digna de premios.

Soy una mujer que sintió miedo de volver a andar sola en la calle después de agotar su licencia de maternidad y abandonar la seguridad de su hogar. Esa misma mujer que sintió miedo de ser juzgada por abandonar su hija en casa para trabajar fuera, y de abandonar su trabajo para volver a casa con su hija.

Desde entonces no tengo certeza de quién soy, o para que soy buena. Lo único que tengo claro es el sentimiento que provoca aquellas cosas que disfruto hacer, y que la clave está en la importancia de complacerme en cada uno de esos momentos, el aquí y el ahora.

Porque cuando estoy en el trabajo extraño profundamente a mi familia, y quisiera volar para poder llegar rápido; pero cuando regreso a casa me emociono pensando en los proyectos por desarrollar y deseo tiempo con mis compañeras para hablar de otras cosas.

¿Será que sólo sabemos lo que amamos cuando lo tenemos un poquito lejos?

Y aunque no he obtenido respuesta a mi gran pregunta, creo que en estos meses he aprendido como ser menos dura conmigo, ser más amable conmigo y no darles tantísima importancia a las miradas externas. También, estoy aprendiendo a no juzgar tanto, a encontrar perfección en los proyectos de vida de las mujeres que me rodean, a ofrecerles mi ayuda de una manera más sentida, más consiente. Porque realmente cada una puede hacer con su vida lo que se le de la gana de hacer.

No hay talentos desperdiciados ni vidas sacrificadas cuando es la propia elección la que te lleva a desempeñar cualquier rol. Mujer, profesional, madre, estudiante, esposa, amiga, todas, algunas o ninguna; ese es el encanto.

Hoy elijo no saber quién soy, pero disfrutarlo


Mariana Calvo Brenes

Es antropóloga social Con su buen ánimo, disciplina y organización, se desempeña en investigaciones socioculturales, facilitación de talleres y gestión de proyectos relacionados con género, cultura y ambiente. Recientemente trabaja con grupos de mujeres activistas, niñas y adolescentes. Esta expresiva mujer desarrolló trabajo creativo en el grupo de Teatro Girasol de la UCR; sus años de práctica universitaria la acercaron a temas de antropología de la salud. Hoy Mariana se define como una mujer creativa, de familia y trabajadora de zona rural, que cree en la igualdad de derechos de todas las personas.

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